CON FERNANDO SOTO APARICIO: "EL ESCRITOR ES EL VOCERO DE UNA SOCIEDAD MUDA" (Entrevista)
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CON FERNANDO SOTO APARICIO: "EL ESCRITOR ES EL VOCERO DE UNA SOCIEDAD MUDA"
Cuando estudiaba Filosofía y Letras en la Universidad de Nariño, un profesor suprimió de la cátedra de Autores Colombianos a Fernando Soto Aparicio. ¿La razón? Nunca la supe. O, si la expuso, era tan oscura, gris, ambigua, como un golpe de llovizna en la pradera. Lo cierto es que Fernando Soto Aparicio es –concepto que el profesor no debe compartir– uno de los grandes novelistas de América Latina. Esencialmente, latinoamericano.
Isaías Peña Gutiérrez, catedrático, periodista, crítico de reconocimiento en Colombia en su libro "Escribir para respirar: ensayos y entrevistas", afirma: "No es Fernando como sus múltiples metáforas, como su endiablada y poética imaginación, como sus sueños angustiosos: es él un escritor elementalmente sencillo. Y no cree uno que en esa inusitada sencillez exista neto e innato el don de la creación artística".
Pero a Soto Aparicio todavía la crítica literaria no lo ha sabido estudiar, entre otras cosas, debido a que su novelística es de las más vastas conocidas en Colombia. Su obra, que está impregnada bellamente de poesía, es una tragedia, en ocasiones morbosa y repugnante, porque así ha sido nuestra historia nacional. Está llena de inconformismo y rebeldía social, porque a eso llevan las llagas y el dolor de las personas marginadas. Es necesario leer a Fernando Soto Aparicio para saber cómo marcha la literatura colombiana. Y, también, para conocer al único escritor que en nuestro país se atreve a decir –sin decepción ni resentimiento– que aún tiene fe y su esperanza es sincera.
Fernando Soto Aparicio nació en Santa Rosa de Viterbo, Boyacá, en 1933. Se dio a conocer en el ámbito de la literatura latinoamericana con la publicación de "La Rebelión de las Ratas", obra de contenido social, de gran valor literario y galardonada en España. Después ha publicado innumerables novelas, artículos de prensa, libros de cuentos y poemas que, de una u otra manera, han servido para enriquecer la literatura nacional. Con él hablamos de sus mundos literarios, del proceso creativo, de la violencia y el horror que, como un cáncer infame, a diario nos azoa y nos desangra. Estas son las impresiones de uno de los grandes en Colombia.
Fernando: ¿Cuál es el recuerdo más recurrente que usted guarda de su niñez? ¿Cómo y en medio de quiénes transcurrió su infancia?
Para contestar esto sería necesario escribir por lo menos dos libros, como quiera que la infancia es el territorio más rico en recuerdos en la vida de una persona. Yo fui un niño solitario, esquivo, introvertido, que no hacía otra cosa que leer. Recuerdo que de mis cuatro a mis siete años leí una serie de cuentos editados en España por Calleja, cuentos muy hermosos y llenos de fantasía. A los ocho años descubrí la pequeña biblioteca de mi padre y leí a Alejandro Dumas, Julio Verne, Emilio Salgari, y en la misma medida a Víctor Hugo, Stendhal, Balzac, Flaubert, Emilio Zola y otros. También a Vargas Vila, por esa época, de los ocho a los nueve años, leí por lo menos treinta de sus libros. Pero lo que definitivamente me marcó y me hizo entender que había nacido para escribir fue la lectura de "Los Miserables" de Víctor Hugo, que ha sido el libro más importante de mi vida.
Y por mi afición a leer, sólo estudié hasta cuarto de primaria. De ahí en adelante he estudiado todos los días, pero por mi cuenta; leí centenares de libros que me han formado en Filosofía, política, sociología, psiquiatría, psicología, antropología y todo lo relacionado con el Humanismo.
¿Existe en su familia un antecedente, un vínculo especial que lo acerque a la literatura? ¿Cómo se da ese primer contacto?
Mi abuelo materno era Notario, y eso en esa época era muy importante, porque para desempeñar el cargo era preciso tener muchos conocimientos de todo lo habido y por haber. Mi abuelo paterno escribió (para mi familia) algunas crónicas de sus viajes por el país. Mi padre escribió (para mi madre) unas poesías bellísimas. Pero lo que determino el descubrimiento de mi condición de escritor fue el contacto muy temprano que tuve con la lectura.
Hablemos de esas lecturas e influencias. ¿Sus autores favoritos?
Aparece ya contestada. De los colombianos, fuera de José María Vargas Vila, leí unas veinte veces "La Vorágine", aún la leo y la encuentro cada vez más hermosa, más cósmica. Leí a los suramericanos: "Doña Bárbara" de Rómulo Gallegos, por lo menos una docena de veces. Ahora me gustan algunas novelas de Vargas Llosa ("La Casa Verde", "Lituma en los Andes", "La fiesta del chivo").
¿En qué grado pudieron condicionar su producción literaria?
Eso no lo sabe nadie y, mucho menos, el escritor. Pero supongo que los naturalistas franceses (Hugo, Zola, Balzac) influyeron mucho en todo mi trabajo de narrador.
Siempre se habla de un proceso de gestación de la obra literaria. Gabriel García Márquez, por ejemplo, manifiesta que sólo cuando una idea resiste muchos años –en su caso "Crónica de una muerte anunciada" aguantó treinta y "Cien años de soledad", diecisiete– no queda otro remedio que escribirla. En Soto Aparicio, ¿ese embarazo literario qué características tiene? Tomemos un caso particular, su novela "La Rebelión de las Ratas".
Primero, comparar a un escritor con otro es un error. Cada uno es un mundo absolutamente privado, propio, individual, único e irrepetible. Lo mismo sucede con cada libro: no hay una coincidencia, una metodología, un sistema. Cada autor tiene su propia metodología, cada libro tiene su propia metodología, y en eso, en la infinita variedad a que conduce el escritor la aventura de escribir un nuevo libro, radica la magia de la creación literaria. Yo pienso en un tema o en varios temas, y cuando alguno me convence, empiezo a trabajarlo. Con la "Rebelión de las Ratas" se me vino la idea de averiguar cómo había sido el cambio producido en el minifundio boyacense, con el establecimiento de las minas de carbón de "La Chapa", en Paz del Río. Trabajé un mes como minero y, luego, en 17 días escribí la novela.
¿En algún momento se le vino a la cabeza que dicha obra se constituiría, como se constituyó, en un verdadero clásico de la literatura latinoamericana?
El escritor escribe no para un lector determinado, sino para el lector; no para que su obra perdure, porque eso no lo sabe nadie, y mucho menos él. Con "La Rebelión de las Ratas" me pasó lo que a Jorge Icaza con "Huasipungo", o a Ernesto Sábato con "El Túnel": todos escribimos novelas mucho más importantes, pero esas tres se quedaron con mayor fuerza en la memoria colectiva.
El fondo social de "La Rebelión de las Ratas", explotadores y explotados, el drama de los oprimidos bajo una óptica, digamos Marxista. ¿Qué idea tiene actualmente de la evolución social del hombre?
El autor es nulo como analista de su obra. Sólo escribe. Los lectores, críticos, profesores, periodistas, "interpretan" la obra y muchas veces de manera errada, o contraria al autor. ¿El hombre ha evolucionado socialmente? Yo no lo creo. Estamos peor. La evolución debería ser positiva, hacia la convivencia, la paz, la tolerancia, la fraternidad. Y cada día más dura y múltiple es la violencia en todo el mundo. Evolucionamos para volvernos peor.
Celina Franco Valdivia, la heroína de "Mientras Llueve", más que un personaje, ¿no encarna acaso todo el drama de la sociedad latinoamericana? Me explico: la injusticia que es producida por la manipulación de los poderosos, el amor antepuesto como única esperanza de vida y la angustia, como resultado de la crisis.
Celina es quizás, y ahora que usted lo dice, un arquetipo de la mujer latinoamericana. Lo que pasa es que ella vive la manipulación, pero no alcanzó a vivir la reivindicación. La mujer de ahora es totalmente distinta a Celina: valiente, combativa, dueña de su destino, de su sexualidad, de su futuro.
¿Dónde considera que radica el encanto imperecedero de "Mientras Llueve"?
De nuevo vamos a la misma respuesta: el autor nunca juzga su obra, sólo la realiza. Pero pienso que "Mientras Llueve" sigue leyéndose después de hacer llorar a varias generaciones de lectores colombianos, porque en el fondo es una historia de amor y el amor es lo único que puede salvarnos.
En "Después empezará la madrugada", usted recrea el fenómeno de la violencia de los años cincuenta. Siendo un escritor que ha trajinado en los horrores de la guerra, ¿qué visión tiene de los procesos de paz? ¿Considera que estamos emprendiendo el camino correcto que nos garantice la convivencia armónica?
Le contesto con un párrafo de mi más reciente novela, editada por Plaza & Janés, con el título de "Quinto Mandamiento". Uno de los personajes, Aldemar, dice: "Ese proceso no nos conduce a ningún lado. ¿Y sabes por qué? Porque la guerrilla no tiene futuro. No puede manejar el país si carece de estadistas, sociólogos, empresarios, juristas, profesionales. No logrará reincorporarse a la vida normal, porque sabe que le pasaría, como a los integrantes de la Unión Patriótica, que los irían matando poco a poco, ya que si hay noventa y cinco que perdonan, hay cinco que no olvidan. No lograrían ser aceptados en otro país, considerando que los han declarado terroristas internacionales. Así que, no teniendo futuro, el proceso de paz es apenas una entelequia".
Somos un país bastante curioso. Tierra donde se da por igual la genialidad de García Márquez, con la corrupción más rampante; un día deslumbramos al mundo con el talento de Shakira, y otro, lo ponemos a llorar con las masacres de los paramilitares. ¿Cuál es el papel que debe asumir el escritor en un país convulsionado como el nuestro?
Yo no puedo definir ese papel porque estaría pontificando, cosa que no me gusta. Puedo decir qué papel he asumido yo, y este se encuentra en mis 45 libros publicados. El escritor no es un testigo de su tiempo, como lo pretendía Stendhal; es un fiscal, un acusador, es el vocero de una sociedad muda.
Los colombianos siempre soñamos con un país distinto. En un viaje a la utopía, ¿cómo sería el país de Fernando Soto Aparicio?
Este mismo, desde luego. Esta es mi Casa Grande, el único sitio del mundo en donde no me siento forastero. Pero sin narcotráfico, sin guerrilla, sin paramilitarismo, sin ejército.
Escritor por vocación. Hábitos, manías; su rutina de trabajo.
Como en la respuesta número uno, habría para escribir otros dos libros y no tenemos tiempo ni espacio. Como hábitos, leo. Leo cuatro libros por semana, de diversos temas, pero todos relacionados con el Humanismo. ¿Manías? No me queda tiempo para eso. Trabajo a un ritmo compulsivo, endemoniado, cuando estoy escribiendo un libro. "Hermano hombre", una de las novelas que más quiero, la escribí en 18 días en la celda de clausura de un monasterio. Ya le dije en cuanto escribí "La Rebelión de las Ratas". La más reciente, "Quinto Mandamiento", la escribí en 20 días.
¿Para qué escriben los nuevos escritores en un país donde nadie, o casi nadie, tiene tiempo para leer?
Todo escritor escribe para ser leído. Y no nos engañemos: somos un país de pocos lectores, pero aquí se lee. ¿O de qué cree que viven los piratas? De mis libros, hay nueve pirateados hace años, y las ediciones piratas se multiplican como mala hierba. Entonces, sí, se lee.
¿Cuáles son las nuevas publicaciones que ha realizado durante los últimos años?
En esta entrevista usted ha citado tres libros míos. He publicado cuarenta y dos, y sería interminable hacer una lista. Le cito los tres últimos: "Bendita sea tu pureza", una colección de treinta cuentos sobre la terrible realidad del país; la novela: "Y el hombre creó a Dios", muy extensa (casi 500 páginas), que ha desatado graves polémicas a nivel religioso; y "Quinto Mandamiento", una novela que está escrita por dieciséis mujeres de finales del siglo pasado.
¿Piensa que la literatura puede ser otra forma de la felicidad? O como dicen las baladas de mal gusto: la felicidad no existe.
Escribir es una forma de ser feliz. Cuando se termina un libro se siente el poder, la fuerza del creador, la magia del mundo recién construido. Escribir da una maravillosa sensación de plenitud. Pero, al mismo tiempo, prende el motor del inconformismo. Cuando un creador está conforme con lo que hace, ha fracasado. El inconformismo impulsa el arte. Y la felicidad sí existe. Un amanecer, los ojos de un niño lleno de asombro, la palabra de la mujer amada dicha cerca al oído, el sabor de una ciruela, el olor de una hoja de eucalipto, la lluvia, los crepúsculos. Por ahí está la felicidad. Lo que pasa es que muchas veces, por andar buscándola, no la vemos.
Desde un punto de vista literario, ¿cuáles considera sus obras mejor logradas? ¿Y por qué?
Es difícil escoger entre cuarenta y cinco libros. Pero tal vez destacaría la novela "Camino que anda", publicada por Plaza & Janés, en España, en 1982, y que es una reconstrucción de la historia de América a través de cinco siglos; una propuesta utópica sobre una filosofía auténticamente latinoamericana y una teología de la liberación, pensada para este continente.
El nuevo panorama de la literatura colombiana. Nombres que destacaría Fernando Soto Aparicio.
Ningún nombre, porque decir uno es omitir otro. Pero veo con gran optimismo lo que está haciendo Colombia a nivel literario. Por fin los escritores entendieron que eso de la bohemia, el trago, la droga, era pura mentira. Escribir es disciplina, profesionalismo, perseverancia, trabajo.
Su consejo para los nuevos escritores colombianos.
Que lean. Que lean… y que lean. Mientras más se lee, más y mejor se define un estilo propio. Además, que se armen de una enorme coraza ya no sólo de perseverancia sino de terquedad.
Usted fue jurado del Concurso Internacional de Cuento Ecológico "Ciudad de Pupiales". En particular, ¿cuál es la importancia que le concede a este tipo de eventos literarios?
DESMITIFICACION DE LA MALDAD: MARILYN MANSON, EL ANGEL CAIDO
Su nombre genera especulaciones y rechazo, los moralistas lo censuran y los cristianos lo evitan. Marilyn Manson quiere cambiar el mundo, quiere ofrecerse como sacrificio para librar al hombre de sus pecados y crear una nueva inocencia. Marilyn Manson parece salido de la peor pesadilla. ‘El Reverendo’ (apodo utilizado por sus fans) en sus conciertos, lee la palabra de Dios, reflexiona sobre ella y una a una, arranca las páginas de la Biblia.
Trauma Infernal
Durante su niñez, Marilyn Manson (su verdadero nombre es Brian Warner) asistió a colegios cristianos. El Apocalipsis era un tema recurrente en sus clases de religión. Sus profesores manifestaban sus ideas como un hecho indiscutible dictado por la Biblia y cerrado a la interpretación: "Cuando el Apocalipsis llegue, todos morirán e irán al Cielo, a excepción de aquellos que tengan la marca de la Bestia". Fue la época cuando Brian comenzó a tener pesadillas de la peor ralea que continúan hasta hoy.
Aterrorizado con la idea del fin del mundo llegó a interrogarse qué pasaría si él descubriera quién es el Anticristo o si fuera el portador de la marca en algún lugar del cuerpo que no pudiera mirar. En una ocasión, Brian llevó a la escuela una de sus posesiones más preciadas, una foto que había tomado su abuela, desde un avión, en la que parecía haber un ángel entre las nubes. Creyendo en todo lo que le habían enseñado sobre el Cielo, Brian estaba entusiasmado con la idea de compartirla con sus profesores. Pero lo único que logró fue una burla generalizada y que lo regresaran a casa por blasfemo.
"Fue mi intento más honesto de encajar en la idea de Cristiandad –afirma– de probar mi conexión con sus creencias y fui castigado por ello. Las semillas de lo que soy hoy, habían sido plantadas".
Durante una clase de ética, escribió: "Nadie nace tonto; los tontos son regados y ayudados a crecer, como maleza, por instituciones como la Cristiandad". Convertido ya en Marilyn Manson declararía: "Supongo que, de modo extraño, los que más influyeron en mi carrera fueron los cristianos. El fin del mundo fue algo que me fascinó desde los 13 años porque siempre me decían que estaba por llegar. Cuando finalmente me di cuenta que no era cierto, creo que me convertí en lo que antes me daba miedo".
La filosofía tras el cantante
La primera aspiración de Brian Warner fue ser escritor. Envió cuentos, novelas y poesías a diferentes publicaciones, logrando, tras varios intentos fallidos, que un par de ellas se publicaran. Estudió periodismo y teatro. Trabajó como periodista musical, entrevistando a varias figuras de la época. Pero se sentía frustrado con su trabajo. "El problema no eran las revistas ni mi forma de escribir, sino los propios músicos. Cada entrevista que hacía, más me desilusionaba. Nadie tenía nada que decir".
Se sumerge entonces en el estudio de las ideas de Friedrich Nietzsche, Sigmund Freud, Charles Darwin y Anton Szandor Lavey (fundador de la Iglesia Satánica en 1966). De ahí sólo quedaba un paso para convertirse en el artista más polémico que sacudiría a la sociedad de su estado de coma inducido por la cristiandad y los medios de comunicación.
La correspondencia de sus ideas con las del filósofo Nietzsche se evidencian en su álbum musical "Anticristo Superstar" y en su autobiografía "El largo y duro camino del Infierno", cuyo epígrafe es una cita del libro "Genealogía de la moral", escrito por el filósofo alemán.
Friedrich Nietzsche decía: "¿Qué es bueno? Todo lo que aumenta en el hombre el sentimiento de poder, la voluntad de poder, el poder mismo. ¿Qué es malo? Todo aquello en lo que se origina la debilidad. ¿Qué es más perjudicial que cualquier vicio? La compasión con todos los débiles y fracasados, el cristianismo".
Por su parte, Brian Warner declararía: "Siempre intento tener control sobre mi vida. Creo que mi mayor miedo es ser débil. Y temo también ser un cordero aceptado completamente en la sociedad. Pienso que cada hombre y mujer es una estrella. Es sólo una cuestión de darse cuenta y convertirse en ello. Es una cuestión del poder de la voluntad. No tengo lugar en mi corazón para los estúpidos ni los débiles. Hay demasiada gente en este mundo y ellos deben hacer un lugar para quienes pueden contribuir con la sociedad".
Nada más claro: Marilyn Manson no es entonces una simple figura impuesta por el rock industrial y pesado, ni el loco que sueña con personificar al Anticristo. Es el producto de una sociedad que genera sus propios demonios y que por temor a la censura hipocresía y moralista, opta por el camino más fácil: la exclusión.
¿Por qué Marilyn Manson?
En síntesis, el nombre Marilyn Manson describe todo lo que Brian Warner deseaba decir. Es una afirmación de la cultura estadounidense, el poder que la sociedad le brinda a iconos como Marilyn Monroe, la bella actriz convertida en símbolo sexual de los cincuenta, y Charles Manson, un asesino norteamericano que se autodenominaba Satanás, además de Jesucristo, que pasó varios años en la cárcel y que el 9 de agosto de 1969 asesinó a varias personas entre ellas a la esposa del cineasta Roman Polánski.
Es sobre la paradoja de arquetipos diametralmente opuestos sobre los que Brian construye su nombre. "La gente pocas veces me pregunta sobre mi interés en Marilyn Monroe, sin embargo siempre se interesan por la mitad oscura. Combino la palabra Marilyn como símbolo de lo blanco y positivo, la luz, con la palabra Manson que es lo negro. Luz y oscuridad, vida y muerte, son simplemente dos partes inseparables de la vida. Sin la oscuridad no conoceríamos la luz y sin la maldad no conoceríamos la bondad. Lo bueno y lo malo van de la mano, no se los puede separar", explica el artista.
El lado oscuro ha sido, sin embargo, el más explotado por Marilyn Manson para llamar la atención de la gente, ya sea provocando repudio o afinidad. Esto le ha llevado a cultivar una imagen llamativa y extravagante. Su grotesco maquillaje y su singular parafernalia han marcado un estilo que pronto logró influir en otras bandas musicales.
Las frases de Marilyn
Igual, cuando encarna la figura de la Virgen María o luce su lado femenino, que cuando en el escenario sorprende con el dominio de su voz prodigiosa, Marilyn Manson puede crear frases lapidarias que –si somos capaces de abrir nuestra mente– llaman a la reflexión.
Por ejemplo, afirma: "Lo que Charles Manson hizo no es diferente de lo que mi padre hizo en Vietnam; mi padre mató gente y no creía en ello. Charles Manson mató gente, pero al menos creía en ello y tenía una razón. Ninguno estaba en lo cierto, simplemente pasó. Matar es matar, no hay diferencia. La sociedad convierte a una persona en héroe y a otra en criminal. La moralidad la define el hombre con más artillería".
O esta otra: "No estoy en contra de Dios. Estoy en contra de su mal uso y de la victimización de la gente a través de la culpa y la idea del pecado. Porque la cristiandad es responsable del consumismo. La idea de la fe ciega, en cierta forma, ha arruinado a América, porque por debajo está el fascismo que nadie quiere aceptar. Estamos siendo controlados por nuestra propia estupidez y debilidad. Para la Cristiandad, si olvidas la idea de Dios y crees en ti, el mundo se acaba".
O finalmente: "El Satanismo no se trata de sacrificios o de adorar al Diablo. El Diablo no existe. El Satanismo es una cuestión de adoración a uno mismo, porque uno es responsable de su propio bien y mal. Siempre me identifiqué con Lucifer porque él quería ser Dios y no iba a aceptar las reglas de otros. Entonces lo echaron del cielo y creo sus propias reglas. Claro que la idea del cielo es sólo la forma cristiana de crear un infierno en la tierra".
¿Qué agregar si todo esta dicho? Marilyn Manson, un líder nada serio, tímido e irónico, a quien le gusta jugar con los periodistas permitiéndoles afirmar lo que ellos quieren, puede ser la entrada a la guarida de Satán o un músico en extremo que con su banda ha logrado ventas millonarias en el mundo. Es cuestión de óptica y de buen sentido.
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